El color de la cebra
La lectura de El color de la cebra me llevo a recordar algunos comentarios de amigos que han tenido el placer de viajar y conocer la isla del gran caimán. Acerca de lo importante de llevar cierto tipo de prendas, golosinas, regalos y otros enseres para que se despliegue la cordialidad cubana.
El color de la cebra, blanco y negro para algunos, negro y blanco para otros, pero también, el claroscuro del alma. Ahí la diferencia. Cito: "El avión despegó y pronto alcanzaron una inmensa alfombra de nubes. Vivimos entre nubes--se dijo--, algunas blancas y otras grises. Es el claroscuro del alma. la vida también tiene el color de la cebra: rayas blancas, rayas negras. entre la mentira y la verdad.
El color de la cebra, de Óscar Palacios, publicado por Editorial Praxis en el 2004, nos lleva a viajar junto con David Rodríguez a la Habana.
La novela nos narra dos historias de amor entretejidas, una en el pasado inmediato y otra que camina, corre o vuela en tiempo continuo, según el aceleramiento del lector y su necesidad por sentirse complacido, después de haber sido atrapado por la temática de la obra, el sentido de su escritura horizontal, sin brincos ni vericuetos, pero sobre todo el viaje de la imaginación, que provoca en el lector con un lenguaje sencillo y lúdico para transportarnos a los escenarios donde ocurre esta novela.
David viaja a cuba a hurgar en el pasado. Busca a Rosana, la amante isleña, que mantuvo una relación con su padre cuando desempeñaba un cargo diplomático en la Embajada de México en la Habana. Una mujer misteriosa que durante 25 años, cada diciembre, le escribió, cartas de amorosas, “escritas con esperanza las primeras, con nostalgia la intermedias y las últimas como una canción de despedida”. Un mazo de cartas que encontró, en la caja fuerte de su padre, para entonces muerto y que le hizo cambiar a David el sentido a su laira.
La pluma de Palacios entreteje el destino, desatino de David cuando en la búsqueda de Rosana se encuentra con Orlando y Marilda, una pareja sui generis que a cada día tiene la necesidad de reinventarse la vida. El autor nos permite conocer el mundo interior de los personajes, mezclados con la historia que le ha tocado vivir al pueblo cubano, la situación por la que pasan debido al boicot de los Estados Unidos y la confusión de sus sentimientos por vivir una libertad utópica y un futuro claroscuro.
La tinta de Oscar Palacios también nos pinta escenarios apasionados, de amor y desamor, Atmósferas calidas y cachondas con un lenguaje poético y arrebatado, paisajes urbanos y marinos, nos acerca con la música, el baile y la literatura cubana. La atmósfera siempre tiene de fondo a los habitantes de la Habana, con su movimiento marino, ese meneadito que hace pensar que llevan la armonía de la isla por dentro, cubanos que siempre están en la grita, discutiendo y haciendo aspavientos.
La lectura de la novela me sorprendió, ocasionándome un gusto. En la narración el autor arma la historia o las historias de amor junto con el lector, lo hace cómplice, deja entrever los hilos que la tejen, con ciertos signos que inmiscuyen a la víctima en la historia, lo seduce, genera suspenso, con un grado de tensión que influye en el lector de una manera sugestiva y quiere uno terminarla lo más pronto posible para saber que final le depara a Rosana, como acabará la relación de David, Landi y Marilda. Tal vez en las últimas páginas se despliegue la historia en las que cada uno de los personajes tendrán ese momento de reflexión sobre su relación amorosa y sus propios sentimientos, otra vez ese claroscuro con sabor a verdad y engaño.
Oscar Palacios nos deja impregnados de un sentimiento de lucha por un mundo más humano, más justo. Un mundo ideal o utópico, pero con el color de la cebra.
El color de la cebra, blanco y negro para algunos, negro y blanco para otros, pero también, el claroscuro del alma. Ahí la diferencia. Cito: "El avión despegó y pronto alcanzaron una inmensa alfombra de nubes. Vivimos entre nubes--se dijo--, algunas blancas y otras grises. Es el claroscuro del alma. la vida también tiene el color de la cebra: rayas blancas, rayas negras. entre la mentira y la verdad.
El color de la cebra, de Óscar Palacios, publicado por Editorial Praxis en el 2004, nos lleva a viajar junto con David Rodríguez a la Habana.
La novela nos narra dos historias de amor entretejidas, una en el pasado inmediato y otra que camina, corre o vuela en tiempo continuo, según el aceleramiento del lector y su necesidad por sentirse complacido, después de haber sido atrapado por la temática de la obra, el sentido de su escritura horizontal, sin brincos ni vericuetos, pero sobre todo el viaje de la imaginación, que provoca en el lector con un lenguaje sencillo y lúdico para transportarnos a los escenarios donde ocurre esta novela.
David viaja a cuba a hurgar en el pasado. Busca a Rosana, la amante isleña, que mantuvo una relación con su padre cuando desempeñaba un cargo diplomático en la Embajada de México en la Habana. Una mujer misteriosa que durante 25 años, cada diciembre, le escribió, cartas de amorosas, “escritas con esperanza las primeras, con nostalgia la intermedias y las últimas como una canción de despedida”. Un mazo de cartas que encontró, en la caja fuerte de su padre, para entonces muerto y que le hizo cambiar a David el sentido a su laira.
La pluma de Palacios entreteje el destino, desatino de David cuando en la búsqueda de Rosana se encuentra con Orlando y Marilda, una pareja sui generis que a cada día tiene la necesidad de reinventarse la vida. El autor nos permite conocer el mundo interior de los personajes, mezclados con la historia que le ha tocado vivir al pueblo cubano, la situación por la que pasan debido al boicot de los Estados Unidos y la confusión de sus sentimientos por vivir una libertad utópica y un futuro claroscuro.
La tinta de Oscar Palacios también nos pinta escenarios apasionados, de amor y desamor, Atmósferas calidas y cachondas con un lenguaje poético y arrebatado, paisajes urbanos y marinos, nos acerca con la música, el baile y la literatura cubana. La atmósfera siempre tiene de fondo a los habitantes de la Habana, con su movimiento marino, ese meneadito que hace pensar que llevan la armonía de la isla por dentro, cubanos que siempre están en la grita, discutiendo y haciendo aspavientos.
La lectura de la novela me sorprendió, ocasionándome un gusto. En la narración el autor arma la historia o las historias de amor junto con el lector, lo hace cómplice, deja entrever los hilos que la tejen, con ciertos signos que inmiscuyen a la víctima en la historia, lo seduce, genera suspenso, con un grado de tensión que influye en el lector de una manera sugestiva y quiere uno terminarla lo más pronto posible para saber que final le depara a Rosana, como acabará la relación de David, Landi y Marilda. Tal vez en las últimas páginas se despliegue la historia en las que cada uno de los personajes tendrán ese momento de reflexión sobre su relación amorosa y sus propios sentimientos, otra vez ese claroscuro con sabor a verdad y engaño.
Oscar Palacios nos deja impregnados de un sentimiento de lucha por un mundo más humano, más justo. Un mundo ideal o utópico, pero con el color de la cebra.
