PAZOQUIPAN

cero descripción

Nombre: sergio fong
Lugar: guanatos, nayarit, Mexico

lunes, julio 30, 2007

El color de la cebra

La lectura de El color de la cebra me llevo a recordar algunos comentarios de amigos que han tenido el placer de viajar y conocer la isla del gran caimán. Acerca de lo importante de llevar cierto tipo de prendas, golosinas, regalos y otros enseres para que se despliegue la cordialidad cubana.

El color de la cebra, blanco y negro para algunos, negro y blanco para otros, pero también, el claroscuro del alma. Ahí la diferencia. Cito: "El avión despegó y pronto alcanzaron una inmensa alfombra de nubes. Vivimos entre nubes--se dijo--, algunas blancas y otras grises. Es el claroscuro del alma. la vida también tiene el color de la cebra: rayas blancas, rayas negras. entre la mentira y la verdad.

El color de la cebra, de Óscar Palacios, publicado por Editorial Praxis en el 2004, nos lleva a viajar junto con David Rodríguez a la Habana.

La novela nos narra dos historias de amor entretejidas, una en el pasado inmediato y otra que camina, corre o vuela en tiempo continuo, según el aceleramiento del lector y su necesidad por sentirse complacido, después de haber sido atrapado por la temática de la obra, el sentido de su escritura horizontal, sin brincos ni vericuetos, pero sobre todo el viaje de la imaginación, que provoca en el lector con un lenguaje sencillo y lúdico para transportarnos a los escenarios donde ocurre esta novela.
David viaja a cuba a hurgar en el pasado. Busca a Rosana, la amante isleña, que mantuvo una relación con su padre cuando desempeñaba un cargo diplomático en la Embajada de México en la Habana. Una mujer misteriosa que durante 25 años, cada diciembre, le escribió, cartas de amorosas, “escritas con esperanza las primeras, con nostalgia la intermedias y las últimas como una canción de despedida”. Un mazo de cartas que encontró, en la caja fuerte de su padre, para entonces muerto y que le hizo cambiar a David el sentido a su laira.
La pluma de Palacios entreteje el destino, desatino de David cuando en la búsqueda de Rosana se encuentra con Orlando y Marilda, una pareja sui generis que a cada día tiene la necesidad de reinventarse la vida. El autor nos permite conocer el mundo interior de los personajes, mezclados con la historia que le ha tocado vivir al pueblo cubano, la situación por la que pasan debido al boicot de los Estados Unidos y la confusión de sus sentimientos por vivir una libertad utópica y un futuro claroscuro.
La tinta de Oscar Palacios también nos pinta escenarios apasionados, de amor y desamor, Atmósferas calidas y cachondas con un lenguaje poético y arrebatado, paisajes urbanos y marinos, nos acerca con la música, el baile y la literatura cubana. La atmósfera siempre tiene de fondo a los habitantes de la Habana, con su movimiento marino, ese meneadito que hace pensar que llevan la armonía de la isla por dentro, cubanos que siempre están en la grita, discutiendo y haciendo aspavientos.
La lectura de la novela me sorprendió, ocasionándome un gusto. En la narración el autor arma la historia o las historias de amor junto con el lector, lo hace cómplice, deja entrever los hilos que la tejen, con ciertos signos que inmiscuyen a la víctima en la historia, lo seduce, genera suspenso, con un grado de tensión que influye en el lector de una manera sugestiva y quiere uno terminarla lo más pronto posible para saber que final le depara a Rosana, como acabará la relación de David, Landi y Marilda. Tal vez en las últimas páginas se despliegue la historia en las que cada uno de los personajes tendrán ese momento de reflexión sobre su relación amorosa y sus propios sentimientos, otra vez ese claroscuro con sabor a verdad y engaño.
Oscar Palacios nos deja impregnados de un sentimiento de lucha por un mundo más humano, más justo. Un mundo ideal o utópico, pero con el color de la cebra.

jueves, julio 26, 2007

LA PIEDRA

LA PIEDRA SE HIZO PALABRA.

La palabra no designa al objeto, pero su sentido se dispara como flecha, como bala, como piedra. La palabra se hizo piedra, metáfora, significado, signo y ahora proyectil de quien la arroja.
La piedra es dura, ciega, muda, sorda. El poeta sabe asomarse adentro, a su imagen de dureza, aunque en ella quepa el poema que la esculpe o el sentir que la desangra.
Piedra y palabra. Porque aparte de dientes y uñas, piedras y palabras.
Piedra tras piedra. por los giros del lenguaje, la forma de la imagen, a tiro de piedra, por que me encontré a José Alfredo en el camino, por que papá, mamá y tunas en el nopal y yoviznando somos piedras rodantes, Por que es onomatopéyico de crash, cuaz, pum, porque tiramos la piedra y escondemos la mano, porque alguien tiene que arrojar la primera piedra, porque Pedro y Petra, por la de los riñones, por la piedra fundamental, porque te tropiezas con la misma, por la cama de Cuco, por la daprie que se es fuma. Por la de los sacrificios, a donde las mas hermosas doncellas. El bendito Crack maldito, por La piedra Solar y todas sus criaturas, Por la piedras insensatas que nos gobiernan, por la enorme piedra que resguarda la obra de Orozco, por el corazón de piedra, por las piedras de los ríos cantarinos de ranchero, por los caminos de piedra. Porque piedras somos y en el camino andamos. Por la piedra negra sobre una piedra blanca del Cholo, por la pinche piedrita en el zapato. Por la piedra esculpida de la poesía. Por el códice implícito en la forma de quien apedrea, desde una postura distinta a lo que convencionalmente se estipula. A la enorme piedra hegemónica del lenguaje, del discurso oficial. Esa piedra sorda del Estado y piedreros institucionales, con sus canones establecidos, por los imperios de piedra que han de caer.
Quien entiende y conoce la piedra puede romperla, hablarle al oído, cambiarle el rumbo, partirla o desistir del modelo a seguir, esculpir otra. Crear un proyectil que se dispare y de en el objetivo. Pero decía, que también hay apedreadores que perversan y preservan el poder y tendrán un chingo de piedras con que responder. Habrá batalla, piedras volando como balas perdidas buscando tu chompeta.