PAZOQUIPAN

cero descripción

Nombre: sergio fong
Lugar: guanatos, nayarit, Mexico

sábado, septiembre 29, 2007

Tragacanto de Alejandro Zapa

Yo no pateo perros muertos

Alejandro Zapa, hace de la ciudad un pergamino sobre el que escribe su poesía.
Palpita a ritmo cardiaco de motor de camión, a pulsos de paradas continuas y mira en corto las imágenes a través de la pecera ambulante. Escribe, respira, jadea, se detiene, apresura el viaje en luz amarilla y choca contra el paisaje urbano. La metáfora es la ciudad que hay que vivir, gozarla, entremeterse en sus personajes, entre los pliegues de su alma, tripa y corazón, cantarle al oído, decirle que la quieres y la desprecias, que es una mujer vieja y sucia, un Crusoe cruzado, partido del corazón como la ciudad, una mozuela encantadora esculpida entre las nubes. Que es tuya como un billete doblado en la manga del calcetín.
Zapa es mi amigo, compartimos la misma gracia y desgracia, nos encanta el juego de las imágenes, la armonía del son, la rumba, el regue, y los sub-ritmos abalorios que tararean en la chompeta para remitirnos a la sensibilidad y encontrar en los carros chocados o abandonados esa tristeza humana, su blancura colgada en los tendederos de las azoteas, su llanto como una sirena hiriente, aullando por el dolor de perder un amor, un hijo y hasta la madre.
No hay desfachatez, sino una sencillez de hablar con un lenguaje accidentado, por lo que a cada quien le toca vivir. Dar fe y testimonio de algo que para algunos es decadencia pero para otros el umbral de lo soñado. La mina de posibilidades para perpetrar un asalto a la conciencia, un disparo al corazón, una cuerda de violín para tensar el alma, un disparate, un estallido o un pinche piquete de hígado de borracho.
En Tragacanto esta la sorna de plantarse humano, de sentirse el héroe, de cambiarle el sentido a la sustancia del verbo, de malabarear la palabra y mostrar las rutas por donde debe andar o desandar un poema. Porque todo lo construido a sangre y lodo es parte del paisaje citadino y el Zapa-autor lo recrea con música iconoclasta.
Zapa tiende a crear su propia ciudad, se convierte en ella, le gana la vibra, sufre y goza, nos invita a jugar y disfrutar de su plasticidad poética. Desde su niñez adulta y no del niño poeta, Alejandro escarba, cava y encuentra, y se las cura. Agüevo, ¡cómo no?. Nos da dos para que no la hagamos de tos o nos quisiera vestir de rojo o de verde, pero prefiere el ocho y ya soy un teporocho. 24.
Sangre pus, estamos ante una ciudad-libro, eso llevenselo en la sesera. que nos permitirá leer a través de sus letras, de sus avenidas, de sus palabras, de sus colonias, barrios y arrabales, las otras mismas imágenes, los otros mismos personajes, sus paisajes y la alegoría de Zapa, acompasados por la música de los camiones y el canto de las sirenas urbanas.
Cito un fragmento de Arrullo:

“Díganme el sitio dónde abandonar el escombro
Las cortinas de la sala están siempre agujeradas
El papel tapiz es frío
Sobre el zoclo de la cocina hay demasiada grasa
A lo largo del cable de luz
Hay siempre muchos ahorcados”








Termino con el poema Menú eléctrico:


MENÚ ELÉCTRICO

Al fin nos enfriamos en el congelador del rastro
suficientes minutos y saber perdida la entonación
Un disco rayado una pistola
dieron poca azúcar a nuestra fiebre.

Me hizo daño comerte tres veces al día
en ocasiones con galletas de animalitos
otras con despensas del D I F.

Es un día vacío para ir a la mesa
Poner servilletas y solicitar al mesero una lata de conservas.


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Sergio Fong.
Tlaquepaque, Jalisco a 27 de septiembre de 2007